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Dedicatorias, Marta y sus ojos amarantos

Mi Cuaderno de Nueva York dedicado por José Hierro. La preciosa dedicatoria la compartí con Marta, mi hija. Entre otras circunstancias que influyeron en la elección del nombre, Marta se llama así por el poema «Lope. La noche. Marta», del libro Agenda, de José Hierro, publicado en 1991. El poema, escrito en primera persona, presenta a Lope de Vega en el ocaso de su vida compartida con Marta de Nevares Santoyo, la última amante del dramaturgo. En una conversación con Félix Grande, al mencionar que a mi hija le llamaríamos Marta, Félix vaticinó que tendría los ojos de color amaranto. Como el amaranto se refiere preferentemente a las flores rojas de la planta del mismo nombre, cabía la posibilidad de que los ojos de Marta hubieran sido purpúreos. No fue así. Los ojos de Marta son de color variable, según incida en ellos la luz, y generalmente se muestran entre azules y grises. Pero también hay momentos en los que se aprecian tonos verdosos, muy parecidos a los de las hojas del amaranto verde. Así que la predicción de Félix Grande fue acertada.

También Marta de Nevares tenía los ojos verdes. En el último verso de «Lope. La noche. Marta», José Hierro incide en ese hecho y cierra el poema con uno de los versos más bellos de nuestra literatura:

«Abre tus ojos verdes, Marta, que quiero oír el mar».

Marta y sus ojos, a veces, amarantos
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Las escamas de Hierro del otoño

Perdóname. No volverá a ocurrir.
Ahora quisiera
meditar, recogerme, olvidar: ser
hoja de olvido y soledad.
Hubiera sido necesario el viento
que esparce las escamas del otoño
con rumor y color.
Hubiera sido necesario el viento.

José Hierro. «Cae el sol» en Libro de las alucinaciones, 1964.

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Los dioses no existirían sin los hombres, ¿o no?

INVENCIÓN DE DIOS
(DESPUÉS DE LA TORMENTA)

El primer hombre está ahí,
en el miedo irracional a la tormenta,
en la frontera vegetal que se recorta un instante,
en el silencio oscuro que precede al trueno.

Está ahí, inmóvil, hipnotizado por la sierpe
que dibuja nubes sobre el encerado negro.
Ahí, junto a la entrada de su cueva,
el primer hombre contempla absorto el holocausto
del polvo y del silencio.

Aún no lo sabe, pero sus ojos,
mañana,
inventarán un dios azul y a su medida.

©Arturo Ledrado

[poema incluido en el libro Arqueología submarina, Madrid, 2000]

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Todo es más fácil si olvidaste en casa la cabeza

FÁBULA CON ANIMALES

Ahí detrás, amigo mío, dormita la serpiente.
Ten cuidado. Lleva el arma dispuesta.
Que no te importe manchar de sangre las alfombras.

Apunta. Dispárale a los ojos
una bala certera y después otra y otra y otra.
Actúa y no pienses en el precio.
Siempre saldrá barato destruir a la serpiente.

Anoche vino un hombre cargado de medallas.
Le advertí: el valor, aquí, no sirve para nada.
Mejor si te bebiste todo el vino.
Calienta más la sangre, te da alas.
Mucho mejor si olvidaste en casa la cabeza.

Después, le señalé la puerta. Entra.
Ella siempre está de guardia, esperándote, amigo.
La serpiente es capaz de oler el miedo.
Ahí dentro, tus medallas son un lastre, le dije.

Un día de éstos, si alguien consigue al fin matarla,
recogeré los huesos de los héroes
que osaron enfrentarse a la serpiente
y haré con ellos flautas dulces como el azúcar.

Ahí detrás, amigo mío, se embosca tu serpiente.
Apunta. Dispárale a los ojos una bala.
Mucho mejor si olvidaste en casa la cabeza.

@Arturo Ledrado

[Poema incluido en el libro Arqueología submarina, Madrid, 2000]

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El velado misterio de los silencios y los gestos

EL SILENCIO DE LOS GESTOS

Fui a decirle unas cuantas verdades al lucero del alba,
y me contestó con un guiño; porque ya las sabía.
JOSÉ BERGAMÍN

También, y afortunadamente, nos queda el silencio.

Podríamos hablar de muchas cosas:
del tiempo guardado en los armarios del recuerdo,
de las páginas que aún le restan a nuestra historia,
de la lluvia que vendrá o no vendrá a visitarnos
porque es así, arbitraria y caprichosa.

Podríamos decirnos lo que ya sabemos:
que no hemos agotado la habilidad de amarnos,
que somos el uno para el otro un velado misterio,
que la vida no tiene demasiado sentido
si conjugas el verbo ser en persona singular.

Podríamos levantar castillos de palabras,
perdernos en bosques de vocablos obtusos,
alumbrar el camino de ese adjetivo cálido y conciso
que no quiere abandonar el nido de tus labios.

Podríamos ser crónica y relatarnos mutuamente
cómo es la envoltura que nos anuncia:
bien el vestido de las grandes ocasiones,
bien los entrañables harapos de andar por casa.

Pero no.

Entre tú y yo sobran las palabras.
Afortunadamente, nos queda el silencio de los gestos.

©Arturo Ledrado

[Poema publicado en 1995, en la revista Poesía, por ejemplo, editada en Madrid por Agustín Porras.]

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La zona de reservas republicanas del Jarama

El pasado 29 de septiembre, el Grupo de Investigadores del Parque Lineal del Manzanares (1) organizó un recorrido por la zona de campamentos de las reservas del ejército republicano en el frente del Jarama durante la Guerra Civil. Esta amplia zona del término municipal de Arganda del Rey se extiende por terrenos de Valhondo, El guijarral, El milano y Valdepinar. El mayor número de vestigios corresponde a refugios excavados aprovechando los taludes de los caminos. Son refugios de dimensiones reducidas, concebidos para proteger una escuadra, unidad militar compuesta por tres o cuatro soldados y un cabo. También quedan restos de varios puestos de mando diseminados por la zona, casi todos con un estado de conservación aceptable después de más de ochenta años y del continuo expolio a que están abocados al no existir apenas protección legal para estos elementos de indudable valor histórico.

Lamentablemente, en cada ocasión que se ha intentado establecer una normativa que proteja y valore los vestigios de la batalla y el frente del Jarama, la discusión se ha trasladado al terreno de la política más pedestre, aquella que se aferra a la ideología y la censura, y desprecia la historia, la cultura y el derecho al conocimiento.

Es muy probable, como recoge Jesús González de Miguel en su libro La batalla del Jarama (2), que Charles Greenhalgh, voluntario de las Brigadas Internacionales nacido en Manchester y combatiente en el Jarama, acertase cuando cambio parte de la letra de la canción Jarama Valley:

We’ve been far to long. They say we are leaving tomorrow but tomorrow in Spain is mañana and mañana in Spain never comes (Hemos estado aquí durante demasiado tiempo. Nos dicen que nos vamos tomorrow, pero tomorrow en España es mañana y el mañana en España nunca llega). 

(1) Grupo de Investigadores del Parque Lineal del Manzanares (GIPL). http://www.parquelineal.es/gipl/

(2) GONZÁLEZ DE MIGUEL, J. La batalla del Jarama. Febrero de 1937, testimonios desde un frente de la Guerra Civil. Madrid: La esfera de los libros, 2009. ISBN 978-84-9734-793-8

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1958: la estación de Vaciamadrid cabe en un vagón

Prima Littera

La falta de edificios para ubicar la estación Vaciamadrid del Ferrocarril del Tajuña después de la Guerra Civil (1936-1939) se solucionó con un vagón habilitado como unidad administrativa y de control de paso. En la fotografía, Juan, el jefe de la estación, posa delante de ese vagón acompañado por su familia.

El origen del Ferrocarril del Tajuña se remonta a 1881, con la concesión a Juan Carlos Morillo de un tramo ferroviario de Madrid a Vaciamadrid para el transporte de yeso. El tendido de la línea Madrid Niño Jesús-Vaciamadrid-Arganda del Rey concluyó en 1886. Después de la Guerra Civil, la línea reanudo su servicio en abril de 1940, una vez reparando el puente metálico sobre el Jarama. El transporte de viajeros quedó definitivamente suspendido en abril de 1953, y el de mercancías, en 1996. Más detalles de este y otros proyectos ferroviarios en la página www.spanishrailway.com. En la Gaceta…

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1958: el tren que pasó por Rivas Vaciamadrid

Prima Littera

Juan, jefe de la estación de ferrocarril de Vaciamadrid, con su esposa y nieta delante de la casa provisional donde vivían. La mayoría de las edificaciones de la zona de Vaciamadrid anteriores a la Guerra Civil (1936-1939) fueron arrasadas durante la confrontación. Los restos de aquellos edificios fueron recuperados y reutilizados en construcciones de carácter provisional que, aun erigidos con ese carácter efímero, se mantuvieron durante más de dos décadas. La estación de Vaciamadrid estaba situada a la altura del Centro sociocultural de mayores Felipe II, junto a la vía por la que circulan hoy los trenes de la concesión Transportes Ferroviarios de Madrid, TFM, que explota el tramo Puerta de Arganda-Arganda del Rey de la línea 9 de Metro.

La primera concesión del entonces tranvía de vapor Madrid-Arganda se remonta a 1878. El 29 de enero de ese año, se autoriza la construcción y explotación de un tranvía de…

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Vivencia emocional de un dios romano

Espero que Saturno, padre mío, que desafió la terrible orden de devorarme, no me vea ahora en tan lastimoso trance. Yo que soy el amo y señor de las aguas dulces y saladas; yo que dibujo tormentas y esculpo tempestades; yo que tuve a la gorgona Medusa en mi lecho, ¿cómo es que me arredro en presencia del escorpión? Sé que ningún daño pueden hacerme. La corte de sabios delfines y donosos hipocampos que me acompaña y me venera así lo corrobora. Pero el miedo es una emoción difícil de controlar, incluso siendo inmortal y hermano del todopoderoso Júpiter, mente suprema del panteón.

Más de cuatro semidioses y algunos héroes que me frecuentan admiten en la penumbra confidente que el miedo es parte de su existencia. No un atributo, eso no; pero sí algo inherente a su condición, sea esta cual sea. La diferencia entre ellos y yo estriba en que en mí las emociones son tan solo el preludio de algo más grande, incontrolable y casi siempre doloroso. Tentado estoy de pedirle al gran Júpiter que intervenga y aleje de los mares toda la ralea de escorpiones. Pero entonces, mi hermano descubriría que soy incapaz de mitigar el efecto perturbador de las emociones, y no me seduce reunirme en el inframundo con Plutón el oscuro, mi otro hermano carnal.

Dejaré, pues, que la Providencia obre y a su ritmo decida si los escorpiones continúan su expansión o si deben abandonar las aguas y buscar acomodo en tierra seca. Válgame Saturno, padre mío, pautador del tiempo.

Obra gráfica: Arturo Ledrado, 2019. Neptuno [tintas pigmentadas y acuarela sobre papel]. 18 x 5 cm. Colección del autor (0021).

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La suerte de ver volar grullas

En el siglo segundo de nuestra era III. Tinta y acrílico sobre papel. Serie de tres marcadores de lectura.

Lo encontraron medio sumergido en el canal que da acceso a la gran sala inundada. Desde la entrada de la cueva, apenas habrá cincuenta pasos, pero el terreno es resbaladizo. Se aprecian las marcas que dejó al caer. El río no es muy caudaloso en esta época del año, pero la corriente es fuerte. Aunque lo más probable es que ya estuviera muerto cuando lo arrojaron por el talud. Dicen que es cantero, y que viene de una provincia del sur. Hay dos o tres paisanos suyos trabajando en el lienzo que unirá dos grandes tramos de muralla. Dicen también que es habilidoso tallando la piedra, y que los oficiales de aquí y allá lo aprecian: cuando acaban las celebraciones ordenadas por el emperador, enseguida lo envían a otro lado, con cartas de recomendación para los oficiales y maestres de esos otros lados. Es tenaz, y sus paisanos cuentan que le han visto hacer y deshacer el hato con las herramientas siete veces en una misma mañana antes de acomodárselo a la espalda. Las herramientas no han aparecido, ni tampoco otros restos del equipaje que pudiera llevar en el hato. Tan solo arriba del talud, sus ropas, porque antes de tirarlo al río se las quitaron. El hombre era tan delgado que a los bandidos le vendrían demasiado justos sus harapos, por eso los dejaron ahí. También se encontró junto a la entrada de la cueva un jarro pequeño cruzado de lañas, pero aún servible. En el asiento del jarro se podía leer el nombre de su dueño, Zheng, y su oficio, cantero. Los paisanos de Zheng irán mañana al templo para encargar unas plegarias. Ojalá vean volar grullas. Son aves de buen agüero. [En el siglo segundo de nuestra era (cuento chino en tres partes). III. La suerte de ver volar grullas]

Obra gráfica: Arturo Ledrado, 2019. En el siglo segundo de nuestra era III [tinta y acrílico sobre papel]. 17,5 x 4 cm. Colección del autor (0020).

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