Forma y volumen, Letras

El insecto Samsa cruza la ciudad vieja

Completada la metamorfosis, la oruga desaparece y para cerrar el ciclo surge el insecto adulto. Exoesqueleto, élitros y alas, mandíbulas preparadas para cortar casi cualquier material, ojos compuestos, largas antenas, tres pares de patas lobuladas. Parece un escarabajo, tal vez de alguna familia acuática, aunque lo más probable es que sea un híbrido de varias especies. De momento, se ha quedado a unas calles del ayuntamiento y de Staroměstská, el reloj astronómico. En esa zona de Praga, habita Gregor Samsa, quien duerme plácido sin adivinar que cada mañana del resto de su vida se despertará convertido en insecto.

¿Que cómo sé todo esto? Pues lo sé porque, pese a todo, no he perdido la ilusión de ser apache, y cada noche salgo yo también a las calles, con mis tarros de cristal y mis pinzas, buscando esos ojos verdes que, al contemplarlos de cerca, me permiten oír el mar. A veces, Gregor y yo cruzamos nuestros pasos; nos miramos, pero no nos saludamos. Pertenecemos a mundos muy distintos. Él, el insecto Samsa, admite su realidad, sabe que ha completado el ciclo, su metamorfosis. Es manso y complaciente, y se arrastra. Quizá sea feliz. Yo, aún sin un nombre definitivo, no encuentro acomodo en este universo enclaustrado y sin mar. Por eso robo los ojos a quienes a estas alturas de la vida aún piensan que los monstruos no existimos. Pero sí.

©Arturo Ledrado 2020

Libros intervenidos: Arturo Ledrado, 2020. El insecto Samsa cruza la ciudad vieja [cerámica, acrílico y collage sobre edición de La metamorfosis, de Franz Kafka]. 21 x 13 cm. (catálogo VOL-003). Ejemplar único.

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