Forma y volumen, Letras

Un tigre que acostumbra perder su sombra

En algunos rincones a trasmano de la madrileña Pedriza, es posible observar en días soleados pequeñas manchas violáceas zigzagueando en veredas, sendas y escorrentías sin detenerse nunca. Al parecer, son las sombras errantes de las cicindelas que han perdido el contacto con quienes las proyectaban. Solo cuando las nubes dominan el cielo, o cuando el sol se oculta tras los bloques graníticos, las sombras de las cicindelas obtienen un merecido descanso y se diluyen como el agua en el agua, como el eco en la distancia. En el Abrigo de los Aljibes, hace unos 4000 años, un artista anónimo dibujó varias decenas de figuras antropomorfas y otros signos más confusos. Quizá entre esos trazos purpúreos subsiste atrapada en La Pedriza la sombra de una cicindela añosa.

Cicindela campestris es una de las cuatro especies de escarabajos cicindélidos citados en España. Fue clasificada por el naturalista sueco Carl von Linné en 1758. El género Cicindela, conocido comúnmente como escarabajos tigre, pertenece a la familia Carabidae. Los caminos de tierra y los límites de los campos cultivados son los espacios donde este pequeño depredador de apenas dos centímetros ataca a sus presas. Los escarabajos tigre son unos animales muy veloces que cazan ácaros, arañas y otros insectos. Es difícil verlos porque están en continuo movimiento. Si el tigre felino utiliza el camuflaje como estrategia cinegética, el tigre insecto apuesta por la velocidad, con unos impresionantes registros que equivaldrían en un ser humano a correr los cien metros lisos en menos de un segundo.

Beetles Project: Arturo Ledrado, 2021. Cicindela campestris [pasta de arcillas, pintura acrílica y tintas metalizadas sobre tabla tratada]. 26 x 19 x 5 cm. (catálogo VOL-013). Ejemplar único.

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Letras, Obra gráfica

El perro que ladra en primavera

En abril de 2020, Alexandra Kuhn, artista multidisciplinar venezolana que reside en Madrid, propuso la acción Gota volátil y palabra fija. Esta acción formó parte del proyecto de Espacio Valverde Colección Cerradura. Fabrique su propia obra. Siguiendo el método de Alexandra Kuhn, sobre la hoja de papel dejaron su impronta varias gotas de agua teñida y alguna lágrima. A los pocos días, cayeron las palabras, aleatoriamente, y se fueron conectando entre ellas también aleatoriamente. Después de un año, para cada grupo de palabras he construido un texto. Estos son los resultados.

aire-elemental-fiebre-laberinto

En el laberinto, un aire elemental que trae olores apenas recordados hace que los velos de la fiebre nublen la mirada. La única salida en estas circunstancias es perderse bajo el cielo protector; o buscar la ayuda de un perro lazarillo.

horizonte-reflejo-metal

El horizonte es una línea de metal que separa a los dioses de su reflejo de saldo y ocasión. Algunas veces, los dioses están abajo; otras, están arriba; depende de la época del año y del libro sagrado que se consulte. En todo caso, el reflejo tiene vetada la entrada al paraíso siempre que no sea un pecador contrito.

diluvio-viento

El viento anuncia que el próximo diluvio también caerá en jueves (y no en martes, de aquí a cien meses, como dicen los oráculos). En el arca del comandante Noe, crece el escepticismo, y por imposible que parezca, se comenta que ya hubo algún trio a bordo…

maestro (palabra que se quedó sola)

Quería ser maestro, como aquel otro rabí que caminaba sobre las aguas y pescó en el mar de Tiberíades dos peces con los que dio de comer a cinco mil hombres. Las mujeres, al parecer, ayunaron también ese día. Las redes sociales de la época publicaron los hechos en arameo; en los templos, los justos sacerdotes quitaron importancia al hipotético milagro; el prefecto de Roma pidió una jofaina y se lavó las manos. Él ansiaba ser maestro, pero le daba miedo el agua, odiaba las redes y huía de las personas justas y los extranjeros. Decidió dejarlo para más adelante.

freedom-luna-poesía-conjuro-memory-nada-pirámide-eterno-museo

Lanzar un conjuro atroz bajo la luz de la luna sin desear del todo que se cumpla; hablar de freedom (a gritos, alborotando) y de poesía (a media voz, emocionados) en un local oscuro, poco limpio y mal ventilado; admirar la arquitectura y el volumen de la pirámide aposentado en un sillón de orejas verde cuando ya se aproxima Clitemnestra; reconocer que sin la memory no somos nada (excepto pedantes; con bonus si se cita a Clitemnestra); pensar que llevamos un museo eterno constreñido en la caja craneal sin haber dado la vuelta al envase para ver las fechas de consumo preferente y expiración. Homo sapiens.

female-actualidad

Female es una palabra de total actualidad. Weiblich, femër, sieviete, samica, froulik, babae… No las conocemos, pero también son voces de actualidad en otros universos más o menos cercanos y accesibles. Hay más palabras equivalentes, pero o bien sus caracteres no son reproducibles en los procesadores de textos, o bien provienen de muy lejos y por el camino perdieron su visibilidad. Por eso no figuran en esta entrada del diccionario plurilingüe.

mercurio-sangre

El circuito de sangre roja distribuye el mercurio presente en nuestra dieta mediterránea para que ninguna célula se quede sin su dosis de oro y plata amalgamados. Cuando seamos materia de arqueólogos, se podrá extraer de nuestros restos algo más valioso que unas cuantas notas marginales para una tesis doctoral.

sombras-geometría

La geometría de las sombras depende más de la luz que de las aristas, los ángulos, las facetas y las proporciones de los cuerpos tangibles. Los intangibles subsisten en otro territorio donde las normas de la física no se aplican con tanta rigidez. 

primavera-esperanza

Admitimos que la primavera es una estación de esperanza. Los días crecen, las plantas rebrotan, los animales entran en celo; ya queda menos para el verano, el sudor y las moscas. A los cursis, la primavera nos sirve para declamar la edad del cuerpo amado sin ruborizarnos. A los melómanos, para seguir discutiendo si el perro que ladra en el segundo movimiento de La Primavera es un lagotto romagnolo o un mastín corso. Chissà?

©Arturo Ledrado 2021

Colección Cerradura: Arturo Ledrado, 2020. El perro que ladra en primavera, 30 x 21 cm. Agua teñida, lágrimas, tinta y collage sobre papel a partir de una propuesta de Alexandra Kuhn para Espacio Valverde (0061).

Alexandra Kuhn. Gota volátil y palabra fija. Método de trabajo. 1. Prepara, apartando y teniendo a mano, una hoja de papel y algo que te guste para escribir. 2. Al terminar de lavarte las manos, antes de secártelas, cosecha con cuidado una lágrima, o una gota, dejándola caer delicadamente sobre la hoja. 3. Sécate las manos. Lentamente bordéala, aún fresca, con tu instrumento de escritura. 4. Guárdala, con cuidado. 5. Luego de un día, saca la lagrima-gota que has sembrado. Observa el desarrollo que ha tenido en el tiempo. 6. Toma, lento, un libro que aprecies. Ábrelo y cosecha una palabra, la que te llame, puede ser al azar o a consciencia. 7. Escribe la palabra nueva cerca de la lágrima para que se complementen. 8. Contempla la dinámica entre la lágrima y palabra. Sigue contemplando. Si surge, siéntate y cierra los ojos. Medita. 9. Repite esta acción, usando la misma hoja de papel, hasta que se llene o halles un mensaje.

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Letras, Obra gráfica

El sueño americano y la profundidad del océano

Nueva colaboración para Venecia, el club de lectura de La Casa Encendida. A partir de la lectura de La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo, de Mariana Enríquez, y de la revisión de un texto propio de 1998 (La tragedia del Trinity) surge este microrrelato, una historia de encuentros, barcos y —quizá— fantasmas. La ilustración, a la que he titulado A bordo del Trinity (2021), es una obra digital, derivada en un apunte al pastel de 1992 (Retrato en rojo).

En el Atlántico Norte

Juan Saavedra quiso conocer América siendo muy joven. Alegre y optimista, convenció a sus padres de que al otro lado del mar océano la vida sería para él mucho más gratificante. Llenó dos maletas con libros, fotos y cuadernos, y una tercera con su ropa de diario y dos camisas nuevas, preludio de un incipiente ajuar. Así, cargado de bultos e ilusiones, salió del pueblo a mediados del mes de marzo, convencido de que el frio del camino sería el último rigor en mucho tiempo.

El temperamento entusiasta y sociable de Juan tenía su contrapunto en un estado de ánimo cambiante. De haber leído a Kretschmer, el vástago menor de los Saavedra-Fajardo se hubiera autodefinido como ciclotímico. De hecho, su aspecto físico, redondeado, propenso a la acumulación de grasa y con las extremidades demasiado cortas para su volumen general, confirmaba los postulados del psiquiatra alemán. Pero esto, la decisión de cambio radical, sucedía en un apartado lugar del norte de España, seis años antes de que el doctor Kretschmer publicase Der sensitive Beziehungswahn, su primer ensayo, traducible quizá como La manía de las relaciones sensibles.

Dos jornadas antes de llegar a Lisboa, Juan Saavedra se encontró con Dalva Izabel Ferreira. Rubicunda y cálida, confiada y sociable, la muchacha hacía el camino a la capital para embarcar hacia América, donde le esperaban su madre y una hermana. Juan y Dalva tenían pasajes para el mismo paquebote, el Trinity, un vapor de la Salomon, Brooks & Merz, debidamente aparejado para la travesía atlántica.

El Trinity zarpó según lo anunciado, con Dalva y Juan a bordo, y a última hora del 14 de abril, cubierta ya gran parte de su singladura, se encontraba a unas 325 millas náuticas de Terranova. Hasta esa noche, el cuaderno de bitácora no registraba incidencia alguna de importancia.

La prensa de la época recogió que junto al Carpathia y al controvertido Californian, puede que otro barco acudiera a la llamada de socorro del Titanic, y este no sería otro que el Trinity, pero en ningún momento se menciona su nombre. El Titanic se hundió. El Carpathia y el Californian fueron enviados al fondo por submarinos alemanes durante la Gran Guerra. El Trinity, sencillamente, se esfumó en el Atlántico Norte entre el 14 y el 15 de abril de 1912, y Juan y Dalva desaparecieron con el paquebote. Salomon, Brooks & Merz, Shipowners, enviaron telegramas de pésame a las familias de tripulantes y viajeros. El dolor fue persistente para muchas personas.

En 1998, La Taberna de Jack, una columna del semanario local Béjar Información, recuperaba la tragedia del Trinity; y aportaba un nuevo e inquietante detalle. Después de tantos años de silencio, la confirmación de que lo tangible es prueba de lo intangible está guardada en un apartado lugar del norte de España, dentro de una lata de dulce de membrillo calidad selecta.

©Arturo Ledrado 2021

Arturo Ledrado, 2021. A bordo del Trinity, 3543 x 3543 píxeles (30 x 30 cm / resolución 300 píxeles/pulgada). Ilustración digital y collage (0065).

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Forma y volumen, Letras, Obra gráfica

Breviario de golfos, golfines y gánsteres

Gangs of Madrid (v.o. xix Century). Madrid no ha sido, más allá de episodios aislados, una ciudad de gánsteres a la americana; ni tampoco fue reducto de golfines (precedente de los bandoleros que, al igual que ellos, operaban más al sur, entre los Montes de Toledo y Sierra Morena). En la metrópoli, la transición del siglo XIX al XX sí fue un tiempo donde una nueva clase social, la de los golfos, opositó a ser su rasgo distintivo. La Real Academia dice que los gánsteres son los miembros «de una banda organizada de malhechores que actúa en las grandes ciudades»; y Menéndez Pidal, en 1900, definía a los golfines como «gente de mal vivir que formaba banda de salteadores». Mis Gangs of Madrid son más humildes y quizá menos sociables; apenas un producto descafeinado del lumpen nacional. La Real Academia despacha al golfo con el calificativo «deshonesto» (¡extensa nómina —entonces y ahora— la de los golfos!), y añade que son también pillos, sinvergüenzas y holgazanes. Bien. Con estos epítetos, puede que se amplíe aún más la lista de los golfos. Pero mis Gangs son, en su versión original, productos del XIX, así que desconecto del presente y regreso al puente entre dos siglos: me gusta más creer que estos tres figuras son unos pícaros que vagabundean por la ciudad vestidos a la moda que dicta La Tijera, con la cuenta del sastre (al que jamás abonarán ni un céntimo) en el bolsillo de la levita y sombrero de copa con sobreático. Si se esfuerzan un poco, igual acaban pateando el Campillo de Gilimón o Las Injurias en alguna novela de Baroja.

Arturo Ledrado, 2021. Gangs of Madrid (v.o. XX Century), 20 x 20 x 1 cm. Esgrafiado sobre cerámica industrial de pasta roja vidriada, preparada con mezcla de bióxido de manganeso y trementina. VOL-009.

Gangs of Madrid (v.o. XIX Century, boceto previo
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Letras, Obra gráfica

Doble personalidad (o el sabor de la fruta)

Un microrrelato que escribí en 2001 para un potencial libro. De momento, descansa en el obrador, dentro del cajón etiquetado Intramuros. Hace unos meses, Aurora Guereña me pidió algún relato para un proyecto de ilustración. Sus dos dibujos han captado la esencia de esta historia mínima de naranjas y sueños; de vigilias y paréntesis.

Doble personalidad

Los cristales empañados; la frialdad especular de las baldosas; un colmo de cacharros sucios desbordando el fregadero. Son las cuatro de la madrugada y la ciudad se estrecha y se diluye bajo la menguante luz de un puñado de estrellas.

Gajo a gajo, se come —me como— dos naranjas. Pienso en su suerte —en mi mala suerte—, en lo injusto que resulta este reparto de tiempos. Él ignora la espontaneidad de su estado: no sabe que se levanta sin más y ejecuta acciones sencillas —ni siquiera hemos pelado bien las frutas—. Luego, cuando despierte y esté sólo y, desde mi punto de vista, incompleto, nada recordará .

En esta madrugada, yo le acompaño en su periplo, atento a su relación con el medio que nos rodea; me mantengo prevenido y alerta.

La historia se repite cada noche con parecida intensidad; tan sólo varía la textura, la forma o el sabor de la fruta: hoy, dos naranjas; ayer, un resto de uvas. Mi vigilia dura apenas unos instantes, un escueto paréntesis entre dos fases de su sueño.

Aun así, espero que jamás se deje convencer por quienes con frecuencia le recomiendan que solicite la ayuda de los psicoterapeutas. Una respuesta positiva al tratamiento sería dramática para mí.

© Arturo Ledrado 2001-2021

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Letras

Árbol temblón de los días pares

Mi primera colaboración para Venecia, el club de lectura de La Casa Encendida, es un microrrelato construido a partir de la lectura de «The night souper», un texto de Eduard Limónov incluido en El hombre sin amor, antología de sus relatos preparada por la editorial Fulgencio Pimentel. El proyecto Venecia explora las relaciones entre literatura y arte contemporáneo. A través de la red de relatos, Venecia busca «experimentar con distintas formas de escritura y compartir los resultados con una comunidad distribuida».

Árbol temblón de los días pares

Cuando abro los ojos, la catedral sigue ahí, cerrando al este una plaza rectangular, mal iluminada, los viejos sillares revocados de humedad, líquenes y guano. Volver para recuperar el hilo de la propia historia. Volver para empezar a partir.

El dédalo de callejuelas aún ofrece referencias ciertas y encuentro la casa sin muchos titubeos. Los árboles han crecido. Pero falta uno, el que se asomaba a la esquina del parque y temblaba los días pares. Era un juego: los impares, calma; los pares, viento, decíamos. Éramos dos. Los árboles eran tres. Cada equipo perdió una ficha.

La escalera parece ahora más empinada. Dejo la maleta sobre la cama desnuda. Cruje la estructura y una leve capa de polvo vuela hacia el suelo. Imagino las cucarachas atemorizadas en sus nidos. Pensarán que ha llegado el holocausto: luz en lugar de fuego, el fin de la oscuridad y del silencio donde progresan sus huestes traqueadas.

Volver para recuperar el hilo de la propia historia. Regresar al país, a la ciudad, al barrio, a la calle, a la casa, al piso, a la habitación. Son las cuentas de un rosario tan manoseado que ya no se distinguen las protuberancias. Se gastan los recuerdos como se gasta el pavimento, de tanto transitarlos. Pero no medra el olvido.

Volver para empezar a partir. Porque desde cualquier otro sitio que no sea la habitación del tercer piso de la segunda casa a la izquierda de la calle que sube desde la catedral en el barrio antiguo de una ciudad ajada en un país encanecido, desde cualquier otro sitio —lo sé— no es posible dar el gran salto y partir con la ligereza y el convencimiento que requiere la misión: surcar la eternidad de parte a parte hasta encontrar el árbol temblón de los días pares. Hasta encontrar la ficha que le falta a mi equipo.

Cuando cierro los ojos, la catedral sigue ahí. Las campanas comienzan a tañer y las cucarachas me invitan a bailar un tango al dos por cuatro: el ruido es siempre mucho y la prenda soledad.

© Arturo Ledrado 2020

Eduard Limónov. Foto de Dmitry Rozhkov, 2018
Eduard Limonov (2018) by D. Rozhkov CC BY-SA 4.0

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Forma y volumen, Letras

El insecto Samsa cruza la ciudad vieja

Completada la metamorfosis, la oruga desaparece y para cerrar el ciclo surge el insecto adulto. Exoesqueleto, élitros y alas, mandíbulas preparadas para cortar casi cualquier material, ojos compuestos, largas antenas, tres pares de patas lobuladas. Parece un escarabajo, tal vez de alguna familia acuática, aunque lo más probable es que sea un híbrido de varias especies. De momento, se ha quedado a unas calles del ayuntamiento y de Staroměstská, el reloj astronómico. En esa zona de Praga, habita Gregor Samsa, quien duerme plácido sin adivinar que cada mañana del resto de su vida se despertará convertido en insecto.

¿Que cómo sé todo esto? Pues lo sé porque, pese a todo, no he perdido la ilusión de ser apache, y cada noche salgo yo también a las calles, con mis tarros de cristal y mis pinzas, buscando esos ojos verdes que, al contemplarlos de cerca, me permiten oír el mar. A veces, Gregor y yo cruzamos nuestros pasos; nos miramos, pero no nos saludamos. Pertenecemos a mundos muy distintos. Él, el insecto Samsa, admite su realidad, sabe que ha completado el ciclo, su metamorfosis. Es manso y complaciente, y se arrastra. Quizá sea feliz. Yo, aún sin un nombre definitivo, no encuentro acomodo en este universo enclaustrado y sin mar. Por eso robo los ojos a quienes a estas alturas de la vida aún piensan que los monstruos no existimos. Pero sí.

©Arturo Ledrado 2020

Libros intervenidos: Arturo Ledrado, 2020. El insecto Samsa cruza la ciudad vieja [cerámica, acrílico y collage sobre edición de La metamorfosis, de Franz Kafka]. 21 x 13 cm. (catálogo VOL-003). Ejemplar único.

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Vivencia emocional de un dios romano

Espero que Saturno, padre mío, que desafió la terrible orden de devorarme, no me vea ahora en tan lastimoso trance. Yo que soy el amo y señor de las aguas dulces y saladas; yo que dibujo tormentas y esculpo tempestades; yo que tuve a la gorgona Medusa en mi lecho, ¿cómo es que me arredro en presencia del escorpión? Sé que ningún daño pueden hacerme. La corte de sabios delfines y donosos hipocampos que me acompaña y me venera así lo corrobora. Pero el miedo es una emoción difícil de controlar, incluso siendo inmortal y hermano del todopoderoso Júpiter, mente suprema del panteón.

Más de cuatro semidioses y algunos héroes que me frecuentan admiten en la penumbra confidente que el miedo es parte de su existencia. No un atributo, eso no; pero sí algo inherente a su condición, sea esta cual sea. La diferencia entre ellos y yo estriba en que en mí las emociones son tan solo el preludio de algo más grande, incontrolable y casi siempre doloroso. Tentado estoy de pedirle al gran Júpiter que intervenga y aleje de los mares toda la ralea de escorpiones. Pero entonces, mi hermano descubriría que soy incapaz de mitigar el efecto perturbador de las emociones, y no me seduce reunirme en el inframundo con Plutón el oscuro, mi otro hermano carnal.

Dejaré, pues, que la Providencia obre y a su ritmo decida si los escorpiones continúan su expansión o si deben abandonar las aguas y buscar acomodo en tierra seca. Válgame Saturno, padre mío, pautador del tiempo.

Obra gráfica: Arturo Ledrado, 2019. Neptuno [tintas pigmentadas y acuarela sobre papel]. 18 x 5 cm. Colección del autor (0021).

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Letras, Obra gráfica

Los elementos opuestos de Parménides

Tercera entrega de la serie Real Estate: la catedral.

La catedral

Edificio imponente que se eleva por encima de las demás construcciones de su entorno, salvo nueva redacción o modificación del vigente Plan General de Ordenación Urbana. Catedral como ejercicio de verticalidad; una verticalidad rotunda; una obra de manos que podría atribuirse a los poetas clásicos, aquellos que en Grecia y en Roma eran, no solo por etimología, hacedores, constructores y legisladores. Después, el oficio de poeta quedó limitado a tejer versos con palabras, acentos y silencios. Es un oficio honorable el de poeta, pero no sirve para erigir catedrales, porque la poesía es levedad y la catedral es peso y… Hemos llegado a la contradicción, al juego de los opuestos. La catedral debería salvar, debería otorgar el don de la levedad a quien pisa los umbrales y se aposenta en sus capillas; pero no es así. «La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra», escribió Milan Kundera en La insoportable levedad del ser. Entonces, ¿hemos malgastado nuestro ingenio y nuestra hacienda alimentando el monstruo que nos abatirá cuando intentemos volar? ¿O podremos, llegado el momento, soltar lastre, atravesar los vitrales y subir hasta el cielo del cielo? Quién sabe. Pero mientras, hasta que sea inaplazable resolver la contradicción, seguiremos erigiendo catedrales rotundas, oscuras, graves. Amén.

Obra gráfica seriada: Arturo Ledrado, 2019. Catedral [Fine Art Glicée]. 48,3 x 32,9 cm. (catálogo 27-0011). Tirada pendiente.

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Letras, Obra gráfica

La suerte de ver volar grullas

En el siglo segundo de nuestra era III. Tinta y acrílico sobre papel. Serie de tres marcadores de lectura.

Lo encontraron medio sumergido en el canal que da acceso a la gran sala inundada. Desde la entrada de la cueva, apenas habrá cincuenta pasos, pero el terreno es resbaladizo. Se aprecian las marcas que dejó al caer. El río no es muy caudaloso en esta época del año, pero la corriente es fuerte. Aunque lo más probable es que ya estuviera muerto cuando lo arrojaron por el talud. Dicen que es cantero, y que viene de una provincia del sur. Hay dos o tres paisanos suyos trabajando en el lienzo que unirá dos grandes tramos de muralla. Dicen también que es habilidoso tallando la piedra, y que los oficiales de aquí y allá lo aprecian: cuando acaban las celebraciones ordenadas por el emperador, enseguida lo envían a otro lado, con cartas de recomendación para los oficiales y maestres de esos otros lados. Es tenaz, y sus paisanos cuentan que le han visto hacer y deshacer el hato con las herramientas siete veces en una misma mañana antes de acomodárselo a la espalda. Las herramientas no han aparecido, ni tampoco otros restos del equipaje que pudiera llevar en el hato. Tan solo arriba del talud, sus ropas, porque antes de tirarlo al río se las quitaron. El hombre era tan delgado que a los bandidos le vendrían demasiado justos sus harapos, por eso los dejaron ahí. También se encontró junto a la entrada de la cueva un jarro pequeño cruzado de lañas, pero aún servible. En el asiento del jarro se podía leer el nombre de su dueño, Zheng, y su oficio, cantero. Los paisanos de Zheng irán mañana al templo para encargar unas plegarias. Ojalá vean volar grullas. Son aves de buen agüero. [En el siglo segundo de nuestra era (cuento chino en tres partes). III. La suerte de ver volar grullas]

Obra gráfica: Arturo Ledrado, 2019. En el siglo segundo de nuestra era III [tinta y acrílico sobre papel]. 17,5 x 4 cm. Colección del autor (0020).

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