Letras, Obra gráfica

Aute de noche, con nocturnidad y calevosía

En 1995, el editor y escritor Luis Felipe Comendador me propuso ilustrar tres poemas de Luis Eduardo Aute, con la idea de publicar los textos y los dibujos en una nueva entrega de la colección de hojas de poesía El árbol espiral. Los poemas de Aute eran, al mismo tiempo, las letras de algunas canciones que el cantautor escribió para su álbum Alevosía, publicado ese mismo año, y que no tuvieron cabida en la edición final del disco. Así surgió esta publicación, hace ya nueve mil ciento y treinta días —veinticinco años— que han tenido, como manda la tradición y las buenas costumbres, sus correspondientes noches. Como hoy mismo, al día le sucederá la noche:

Aquí está, de nuevo aquí,
recusadora y amenazante,
la noche,
con nocturnidad
y calevosía.

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Letras

Charlie Donnelly se volatiliza en la biblioteca

El 27 de febrero de 1937, en los últimos días de combates en el Jarama, el Batallón Lincoln perdió en el Cerro del Pingarrón más de dos tercios de sus efectivos: 127 hombres muertos y 200 heridos. Charlie Donnelly, poeta y activista irlandés, fue uno de aquellos muertos. Tenía 22 años, y había viajado a España a primeros del mes de enero para enrolarse en las Brigadas Internacionales.

Y me quemo, y miro afuera hacia el gris
viento amartillado al día de la fantasía.
(And I fume, and look outside on the grey
Wind hammered to fantasy day.)

Charlie Donnelly, de «En la biblioteca» (In a Library)

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Letras

Dedicatorias, Marta y sus ojos amarantos

Mi Cuaderno de Nueva York dedicado por José Hierro. La preciosa dedicatoria la compartí con Marta, mi hija. Entre otras circunstancias que influyeron en la elección del nombre, Marta se llama así por el poema «Lope. La noche. Marta», del libro Agenda, de José Hierro, publicado en 1991. El poema, escrito en primera persona, presenta a Lope de Vega en el ocaso de su vida compartida con Marta de Nevares Santoyo, la última amante del dramaturgo. En una conversación con Félix Grande, al mencionar que a mi hija le llamaríamos Marta, Félix vaticinó que tendría los ojos de color amaranto. Como el amaranto se refiere preferentemente a las flores rojas de la planta del mismo nombre, cabía la posibilidad de que los ojos de Marta hubieran sido purpúreos. No fue así. Los ojos de Marta son de color variable, según incida en ellos la luz, y generalmente se muestran entre azules y grises. Pero también hay momentos en los que se aprecian tonos verdosos, muy parecidos a los de las hojas del amaranto verde. Así que la predicción de Félix Grande fue acertada.

También Marta de Nevares tenía los ojos verdes. En el último verso de «Lope. La noche. Marta», José Hierro incide en ese hecho y cierra el poema con uno de los versos más bellos de nuestra literatura:

«Abre tus ojos verdes, Marta, que quiero oír el mar».

Marta y sus ojos, a veces, amarantos
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Fotografía, Letras

Las escamas de Hierro del otoño

Perdóname. No volverá a ocurrir.
Ahora quisiera
meditar, recogerme, olvidar: ser
hoja de olvido y soledad.
Hubiera sido necesario el viento
que esparce las escamas del otoño
con rumor y color.
Hubiera sido necesario el viento.

José Hierro. «Cae el sol» en Libro de las alucinaciones, 1964.

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