Letras, Obra gráfica

El sueño americano y la profundidad del océano

Nueva colaboración para Venecia, el club de lectura de La Casa Encendida. A partir de la lectura de La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo, de Mariana Enríquez, y de la revisión de un texto propio de 1998 (La tragedia del Trinity) surge este microrrelato, una historia de encuentros, barcos y —quizá— fantasmas. La ilustración, a la que he titulado A bordo del Trinity (2021), es una obra digital, derivada en un apunte al pastel de 1992 (Retrato en rojo).

En el Atlántico Norte

Juan Saavedra quiso conocer América siendo muy joven. Alegre y optimista, convenció a sus padres de que al otro lado del mar océano la vida sería para él mucho más gratificante. Llenó dos maletas con libros, fotos y cuadernos, y una tercera con su ropa de diario y dos camisas nuevas, preludio de un incipiente ajuar. Así, cargado de bultos e ilusiones, salió del pueblo a mediados del mes de marzo, convencido de que el frio del camino sería el último rigor en mucho tiempo.

El temperamento entusiasta y sociable de Juan tenía su contrapunto en un estado de ánimo cambiante. De haber leído a Kretschmer, el vástago menor de los Saavedra-Fajardo se hubiera autodefinido como ciclotímico. De hecho, su aspecto físico, redondeado, propenso a la acumulación de grasa y con las extremidades demasiado cortas para su volumen general, confirmaba los postulados del psiquiatra alemán. Pero esto, la decisión de cambio radical, sucedía en un apartado lugar del norte de España, seis años antes de que el doctor Kretschmer publicase Der sensitive Beziehungswahn, su primer ensayo, traducible quizá como La manía de las relaciones sensibles.

Dos jornadas antes de llegar a Lisboa, Juan Saavedra se encontró con Dalva Izabel Ferreira. Rubicunda y cálida, confiada y sociable, la muchacha hacía el camino a la capital para embarcar hacia América, donde le esperaban su madre y una hermana. Juan y Dalva tenían pasajes para el mismo paquebote, el Trinity, un vapor de la Salomon, Brooks & Merz, debidamente aparejado para la travesía atlántica.

El Trinity zarpó según lo anunciado, con Dalva y Juan a bordo, y a última hora del 14 de abril, cubierta ya gran parte de su singladura, se encontraba a unas 325 millas náuticas de Terranova. Hasta esa noche, el cuaderno de bitácora no registraba incidencia alguna de importancia.

La prensa de la época recogió que junto al Carpathia y al controvertido Californian, puede que otro barco acudiera a la llamada de socorro del Titanic, y este no sería otro que el Trinity, pero en ningún momento se menciona su nombre. El Titanic se hundió. El Carpathia y el Californian fueron enviados al fondo por submarinos alemanes durante la Gran Guerra. El Trinity, sencillamente, se esfumó en el Atlántico Norte entre el 14 y el 15 de abril de 1912, y Juan y Dalva desaparecieron con el paquebote. Salomon, Brooks & Merz, Shipowners, enviaron telegramas de pésame a las familias de tripulantes y viajeros. El dolor fue persistente para muchas personas.

En 1998, La Taberna de Jack, una columna del semanario local Béjar Información, recuperaba la tragedia del Trinity; y aportaba un nuevo e inquietante detalle. Después de tantos años de silencio, la confirmación de que lo tangible es prueba de lo intangible está guardada en un apartado lugar del norte de España, dentro de una lata de dulce de membrillo calidad selecta.

©Arturo Ledrado 2021

Arturo Ledrado, 2021. A bordo del Trinity, 3543 x 3543 píxeles (30 x 30 cm / resolución 300 píxeles/pulgada). Ilustración digital y collage (0065).

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Forma y volumen, Letras, Obra gráfica

Breviario de golfos, golfines y gánsteres

Gangs of Madrid (v.o. xix Century). Madrid no ha sido, más allá de episodios aislados, una ciudad de gánsteres a la americana; ni tampoco fue reducto de golfines (precedente de los bandoleros que, al igual que ellos, operaban más al sur, entre los Montes de Toledo y Sierra Morena). En la metrópoli, la transición del siglo XIX al XX sí fue un tiempo donde una nueva clase social, la de los golfos, opositó a ser su rasgo distintivo. La Real Academia dice que los gánsteres son los miembros «de una banda organizada de malhechores que actúa en las grandes ciudades»; y Menéndez Pidal, en 1900, definía a los golfines como «gente de mal vivir que formaba banda de salteadores». Mis Gangs of Madrid son más humildes y quizá menos sociables; apenas un producto descafeinado del lumpen nacional. La Real Academia despacha al golfo con el calificativo «deshonesto» (¡extensa nómina —entonces y ahora— la de los golfos!), y añade que son también pillos, sinvergüenzas y holgazanes. Bien. Con estos epítetos, puede que se amplíe aún más la lista de los golfos. Pero mis Gangs son, en su versión original, productos del XIX, así que desconecto del presente y regreso al puente entre dos siglos: me gusta más creer que estos tres figuras son unos pícaros que vagabundean por la ciudad vestidos a la moda que dicta La Tijera, con la cuenta del sastre (al que jamás abonarán ni un céntimo) en el bolsillo de la levita y sombrero de copa con sobreático. Si se esfuerzan un poco, igual acaban pateando el Campillo de Gilimón o Las Injurias en alguna novela de Baroja.

Arturo Ledrado, 2021. Gangs of Madrid (v.o. XX Century), 20 x 20 x 1 cm. Esgrafiado sobre cerámica industrial de pasta roja vidriada, preparada con mezcla de bióxido de manganeso y trementina. VOL-009.

Gangs of Madrid (v.o. XIX Century, boceto previo
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Cryptocephalus bahilloi, endemismo ibérico

Cryptocephalus bahilloi es una nueva especie endémica del centro de la Península Ibérica, descrita en 2004 por José Ignacio López-Colón a partir de varios ejemplares procedentes de Rivas-Vaciamadrid. Los escarabajos miden entre 3,3 y 4,3 milímetros y pertenecen a la familia Chrysomelidae (crisomélidos). Su hábitat son los territorios yesíferos y salinos, y están asociados a la planta Limonium dicbotomum, otro endemismo del centro peninsular, también conocido como plumero de las salinas o limonio de los yesos. La descripción de Cryptocephalus bahilloi la público López-Colón en el volumen 20(2) de la revista Biocosme Mésogéen. El nombre de la especie es una dedicatoria al entomólogo Pablo Bahillo de la Puebla.

Beetles Project: Arturo Ledrado, 2021. Cryptocephalus bahilloi [pasta de arcillas, pintura acrílica y tintas metalizadas sobre tabla tratada]. 26 x 19 x 5 cm. (catálogo VOL-011). Ejemplar único.

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Letras, Obra gráfica

Doble personalidad (o el sabor de la fruta)

Un microrrelato que escribí en 2001 para un potencial libro. De momento, descansa en el obrador, dentro del cajón etiquetado Intramuros. Hace unos meses, Aurora Guereña me pidió algún relato para un proyecto de ilustración. Sus dos dibujos han captado la esencia de esta historia mínima de naranjas y sueños; de vigilias y paréntesis.

Doble personalidad

Los cristales empañados; la frialdad especular de las baldosas; un colmo de cacharros sucios desbordando el fregadero. Son las cuatro de la madrugada y la ciudad se estrecha y se diluye bajo la menguante luz de un puñado de estrellas.

Gajo a gajo, se come —me como— dos naranjas. Pienso en su suerte —en mi mala suerte—, en lo injusto que resulta este reparto de tiempos. Él ignora la espontaneidad de su estado: no sabe que se levanta sin más y ejecuta acciones sencillas —ni siquiera hemos pelado bien las frutas—. Luego, cuando despierte y esté sólo y, desde mi punto de vista, incompleto, nada recordará .

En esta madrugada, yo le acompaño en su periplo, atento a su relación con el medio que nos rodea; me mantengo prevenido y alerta.

La historia se repite cada noche con parecida intensidad; tan sólo varía la textura, la forma o el sabor de la fruta: hoy, dos naranjas; ayer, un resto de uvas. Mi vigilia dura apenas unos instantes, un escueto paréntesis entre dos fases de su sueño.

Aun así, espero que jamás se deje convencer por quienes con frecuencia le recomiendan que solicite la ayuda de los psicoterapeutas. Una respuesta positiva al tratamiento sería dramática para mí.

© Arturo Ledrado 2001-2021

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Letras

Toda la vida comiendo el mismo sándwich

Por recomendación de Venecia, el club de lectura de La Casa Encendida, la primera novela del poeta vietnamita, emigrado a Estados Unidos, Ocean Vuong (1988): En la Tierra somos fugazmente grandiosos (Anagrama, 2020).

De mi lectura, unas cuantas imágenes y un par de referencias: la familia, la guerra, el partir para no llegar nunca del todo a otro lugar; el descubrimiento de la sexualidad, el placer, el dolor y la incertidumbre; las flores y las ausencias; cartas y fotografías; Roland Barthes: está aquí, el principio solemne del gran, largo duelo; Marguerite Duras: pronto en mi vida fue demasiado tarde… América por consecuencia de Vietnam; Vietnam a consecuencia de América…Y toda la vida comiendo el mismo sándwich.

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Árbol temblón de los días pares

Mi primera colaboración para Venecia, el club de lectura de La Casa Encendida, es un microrrelato construido a partir de la lectura de «The night souper», un texto de Eduard Limónov incluido en El hombre sin amor, antología de sus relatos preparada por la editorial Fulgencio Pimentel. El proyecto Venecia explora las relaciones entre literatura y arte contemporáneo. A través de la red de relatos, Venecia busca «experimentar con distintas formas de escritura y compartir los resultados con una comunidad distribuida».

Árbol temblón de los días pares

Cuando abro los ojos, la catedral sigue ahí, cerrando al este una plaza rectangular, mal iluminada, los viejos sillares revocados de humedad, líquenes y guano. Volver para recuperar el hilo de la propia historia. Volver para empezar a partir.

El dédalo de callejuelas aún ofrece referencias ciertas y encuentro la casa sin muchos titubeos. Los árboles han crecido. Pero falta uno, el que se asomaba a la esquina del parque y temblaba los días pares. Era un juego: los impares, calma; los pares, viento, decíamos. Éramos dos. Los árboles eran tres. Cada equipo perdió una ficha.

La escalera parece ahora más empinada. Dejo la maleta sobre la cama desnuda. Cruje la estructura y una leve capa de polvo vuela hacia el suelo. Imagino las cucarachas atemorizadas en sus nidos. Pensarán que ha llegado el holocausto: luz en lugar de fuego, el fin de la oscuridad y del silencio donde progresan sus huestes traqueadas.

Volver para recuperar el hilo de la propia historia. Regresar al país, a la ciudad, al barrio, a la calle, a la casa, al piso, a la habitación. Son las cuentas de un rosario tan manoseado que ya no se distinguen las protuberancias. Se gastan los recuerdos como se gasta el pavimento, de tanto transitarlos. Pero no medra el olvido.

Volver para empezar a partir. Porque desde cualquier otro sitio que no sea la habitación del tercer piso de la segunda casa a la izquierda de la calle que sube desde la catedral en el barrio antiguo de una ciudad ajada en un país encanecido, desde cualquier otro sitio —lo sé— no es posible dar el gran salto y partir con la ligereza y el convencimiento que requiere la misión: surcar la eternidad de parte a parte hasta encontrar el árbol temblón de los días pares. Hasta encontrar la ficha que le falta a mi equipo.

Cuando cierro los ojos, la catedral sigue ahí. Las campanas comienzan a tañer y las cucarachas me invitan a bailar un tango al dos por cuatro: el ruido es siempre mucho y la prenda soledad.

© Arturo Ledrado 2020

Eduard Limónov. Foto de Dmitry Rozhkov, 2018
Eduard Limonov (2018) by D. Rozhkov CC BY-SA 4.0

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Carabus variolosus, el corredor de fondos

Carabus variolosus fue descrito por  Johan Christian Fabricius en 1787. La especie pertenece a la familia Carabidae de coleópteros, y mide entre 20 y 35 milímetros. Habita en zonas montañosas de Europa central y Francia, cerca de cursos y masas de agua. No hay citas de su presencia en la Península Ibérica. Su coloración es negra, con brillo satinado. En mi interpretación, las manchas blancas sobre los abultamientos de los élitros y las manchas pardas de cabeza y tórax (pronto) serían restos de tierra y barro. El doctor Harde, en su obra Coleópteros de Europa, Barcelona: Omega, 1984, indica que a este escarabajo se le puede ver correr por debajo del agua». Esta especie está protegida por la Convención de Berna (Convention on the Conservation of European Wildlife and Natural Habitats).

Beetles Project: Arturo Ledrado, 2020. Carabus variolosus [pasta de arcillas, pintura acrílica y tintas metalizadas sobre tabla tratada]. 26 x 19 x 5 cm. (catálogo VOL-008). Ejemplar único.

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Carabus monilis, el escarabajo de los años pares

El escarabajo Carabus monilis, descrito por Fabricius en 1792, es una especie de la familia Carabidae. Mide entre 17 y 32 milímetros. Su coloración varía del bronce al verde o al azul. El doctor Karl Wilhelm Harde menciona en su obra Coleópteros de Europa, Barcelona: Omega, 1984, que «esta especie parece ser más frecuente en los años pares». No he encontrado referencias concretas de su presencia en la Península Ibérica, aunque sí hay citas de Francia, Austria, Bélgica, Alemania y otros países europeos.

Beetles Project: Arturo Ledrado, 2020. Carabus monilis [pasta de arcillas, pintura acrílica y acrílicos metalizados sobre tabla tratada]. 26 x 19 x 5 cm. (catálogo VOL-007). Ejemplar único.

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Omophron limbatum inaugura el Beetles Project

Primera adscripción al proyecto escarabajos o Beetles Project: una recreación de Omophron limbatum, especie descrita por el naturalista danés Johan Christian Fabricius en 1777. Esta especie de la familia Carabidae está presente en la Península Ibérica. Su cuerpo es casi circular, con una longitud entre 5 y 7 milímetros. Es de color pardo, con manchas metálicas verdes y azules sobre el pronoto y los élitros.

Beetles Project: Arturo Ledrado, 2020. Omophron limbatum [pasta de arcillas, pintura acrílica y tintas metálicas sobre tabla tratada]. 26 x 19 x 5 cm. (catálogo VOL-006). Ejemplar único.

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escarabajo de cerámica
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Escarabajos de barro y tinta (beetles project)

Nuevo proyecto, coincidiendo con el comienzo del (atípico) curso 2020-2021: una serie de escarabajos (oficialmente, coleópteros) generados a partir de materiales cerámicos, pinturas acrílicas y mi propia colección entomológica. Para comenzar, fotos del proceso para dos carábidos de dos géneros que difieren bastante en sus formas.

La idea de este proyecto, además de provocada por mi afición a los insectos, proviene de la intervención del libro La metamorfosis, de Franz Kafka, a partir de una propuesta del ceramista y escultor Domingo Huertes.

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